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Algunos animales adquirieron, entre los celtas, una categoría sagrada indiscutible. Incluso algunos monstruos también. Sobre ellos conviene destacar algunas características como que tanto pueden ser amenazadores, como entidades sagradas propiciatorias, y suelen representar determinadas fuerzas de la naturaleza. A veces se muestran, bien como atributo de algún dios, bien como sus poderes y pueden ser llegar a ser venerados como dioses zoomorfos.
- Jabalís y cerdos: El jabalí era muy estimado por los celtas. Lo asociaban a las potencias devastadoras o destructoras que el hombre, en su papel de cazador, ha de dominar. Para algunos estudiosos el jabalí es también un aspecto del sol, como héroe mítico. A veces adopta esta forma para huir de sus perseguidores; otras, para acabar con ellos, e incluso en alguna ocasión el dios adopta esta forma por ser un castigo. La cabeza de este animal no sólo fue trofeo admirado en las paredes de las casas de los grandes señores, sino que incluso fue adorno común en los escudos de los guerreros bretones, de ahí que incluso simbolice el “furor bélico” de los combatientes. Por ejemplo Arduina, una diosa cazadora del Bosque de las Ardenas, es representada en una estatuilla de bronce montando a galope un jabalí, y con un cuchillo de caza en la mano; y una escultura prerromana de Euffigneix, en la Galia Oriental, nos muestra a un dios con la imagen de un jabalí, agresivametne erizado, cruzando su torso. En cuanto al cerdo, fue muy importante en el terreno económico y su carne era tan apreciada por este pueblo que más de un monje se vio tentado por ella en días de austeridad en la mesa. Los cerdos eran un signo de riqueza y de hecho aparecen como dones de la diosa Madre, la dama de la total fecundidad. Aquí toma relevancia la diosa marrana Goleuddidd. La fecundidad se asocia a la orgía, al exceso, a la sexualidad exacerbada y sin desenfreno, como la que aparece en algunas diosas celtas denominadas “marranas”, “porcinas” o “lechonas”, no sólo por su aspecto cerdíl sino por su conducta descocada.
- El ciervo: Es una representación de importancia capital en las leyendas y mitos celtas. Ossián significa “cervato” e incluso San Patricio llega, en un momento determinado, a convertirse en este animal. En la saga de Finn se indica que el ciervo es “la más noble de todas las presas”. La importancia ritual se encuentra en la costumbre de imitarle mediante una máscara y cornamenta del mismo. Eran venerados por su velocidad, su virilidad y sus abultadas cornamentas que evocaban la imagen de señores del bosque. Las imágenes que aparecen en el carro de culto de bronce del siglo VII a C, encontrado en Strettweg, en Austria, son las de la caza divina del ciervo, presidida por una diosa. En la iconografía celta tardía el cierno no es sólo el compañero de los dioses cazadores sino también del dios Cernunnos, quien a su vez lleva cornamaneta. El ciervo fue el animal regio de los danaeos irlandeses y, digamos que coparticipó, con sus protagonistas principales, numerosas leyendas como la de Ossian y Pwyll, príncipe de Dyfed, donde el ciervo es víctima de impresionantes persecuciones por un grupo de perros infernales. En realidad, el ciervo simbolizaba el alma del héroe perseguido hasta la muerte, de hecho, en numerosas tumbas celtas se han encontrado astas de ciervo sobre la cabeza de los muertos, a modo de protección en el viaje al paraíso. En cuanto a los vivos, los celtas encontraron, al parecer y en el polvo triturado de sus astas, una sustancia que combatía la impotencia y alejaba de la persona todo tipo de influencias maléficas.
- El oso: El irlandés Art era hijo de Conn, cuya traducción quiere decir “el oso hijo del perro”, que confirma el carácter totémico de ambos animales y desvela el origen druídico del nombre de Arturo, que proviene de artu o arto, oso. Al rey Arturo le estaba prohibido matar osos por tratarse de su animal totémico. El vocablo sánscrito ofrece dos significados: el de oso y el de estrella. “Artc” significa brillar y, además, “Ark” es uno de los nombres del sol. Dicen que es una combinación de bien y mal, de luz y de tinieblas: “el pelo del oso ofrece la oscuridad de lo tenebroso y el resplandor de las estrellas”. Por lo tanto, su nombre, oso, nos lleva a relacionar, -en el ámbito de la mitología celta-, lo celestial y lo divino con lo bestial y monstruoso.
- El toro: El toro representa el poder, el ímpetu combativo y, en el mundo celta, se asocia irremediablemente a la conquista., y también tanto con el sol como con la luna. Fueron venerados por su fuerza y su virilidad, y su sacrificio no era algo infrecuente pues, los bueyes más viejos, eran ritualmente sacrificados en Gournay, y sus cuerpos se sometían y ritos largos y complicados. Eran muy representados en el arte celta donde solían aparecer con tres cuernos, aumentando así su simbolismo. En las leyendas irlandesas las mujeres, en ocasiones, eran transformadas en grullas. Esto se relaciona con una estatuilla hallada en París y que data del siglo Y d. C, en ella se ve un toro con tres grullas subidas en su lomo. La asociación del toro con los pájaros es difícil de interpretar pero algunos estudiosos creen que tiene que ver con el Árbol de la Vida, la primavera y la fertilidad. También hay que recordar el “tarbhfhess”, o rito adivinatorio para el cual se sacrificaba un toro, -acto que corría a cargo de los druidas-, y la carne y el caldo (no todo, por supuesto) era consumido por un hombre que, posteriormente, y durante el sueño, veía en el mismo a quien habría de ser elegido como legítimo rey. Sin duda, el toro más famoso, es el que aparece en el Ciclo c.
- El caballo: Los celtas asociaron el caballo con el culto a Epona. Va unido a los guerreros, por ser la cabalgadura de muchos de ellos, y se alaba su capacidad combativa. Carro, caballo y larga espada de hierro fueron elementos indispensables en su avance por el mundo. De igual modo, es la luz, frente a la oscuridad, pero también el compañero fiel que conduce al héroe al mas allá. Fue venerado por su belleza, su velocidad y su bravura. Los sacrificios de lo caballos eran casos excepcionales y reflejaban, si acaso, una gran pérdida de su propietario y de la comunidad. La más grande de todas las deidades ecuestres celtas era, como ya se cita más arriba, Epona (“Epos”, caballo). Sus seguidores estaban en todos los estamentos sociales y, además de venerados por la caballería y el ejército, también era una divinidad doméstica, que presidía la cría de caballos y adorada, en general, como diosa de la abundancia y la prosperidad. Se la suele representar en compañía de caballos, o bien montada a lo amazona o bien entre dos ponies. Es, fundamentalmente, una divinidad de la Galia, aunque su devoción se extendió a lugares tan distantes como Plovdiv, en Bulgaria.
Serpientes y pájaros: Por su hábito de mudar la piel, las serpientes las identificaban con la resurrección, por eso las deidades con las que se les relaciona son de curación, con es el caso de Sirona. También estaban relacionadas con la fertilidad, tal vez debido a su forma fálica o a las múltiples crías que tienen en un solo parto. Una forma muy característica de representarlas es con cabeza de carnero, sobre todo en zonas de la Galia romano-celta. Una criatura de este tipo a compaña al dios Cernunnos. En el caldero de Gundestrup conduce, como guía, la fila de caballeros que parecen haber surgido del caldero de la iniciación. Su carácter positivo puede quedar confirmado en el hecho de que la serpiente cornuda o con testa de carnero viene representada como adorno en algunos torques, como imagen de protección y suscitadora de bienes. En un ámbito mitológico general, sin centrarse en la celta, se cree que la serpiente cuenta don el doble aspecto de destructora y creadora. Así dice García Font que “destruye a los individuos, pero conduce a las especies; devora las naciones, pero deja vivir a los reyes que las han de poblar de nuevo; da a las plantas su veneno y hunde a los hombres en el profundo sueño; pero también otorga, en su reino oculto, una nueva fuerza al sol, que rejuvenece el mundo cada mañana, cada primavera”.
| Cernunos junto a otros animales, en el Caldero de Gundestrup. |
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En cuanto las aves, en lo que toca al mundo celta cobran importancia las águilas, cuervos, búhos, cornejas, palomas y cisnes. En mitología, y de modo general, el ave de presa se identifica con el sol y también con el relámpago. El relámpago se equipara, bien al pico del ave rapaz, o bien a sus garras. También aparece representada en el caldero de Gundestrup: las dos águilas que se observan en la zona superior de una lámina aparecen como guardianas de la región celestial, concebida como pico de los montes. Se dice en el Edda ( dos colecciones poéticas medievales escandinavas, donde se cantan bárbaras hazañas de piratas normandos o héroes de leyenda), que “los vientos son consecuencia del movimiento de las alas de un águila gigantesca que se halla en el extremo del cielo”. Por ejemplo, Odín, dios nórdico, se transforma en águila para ir en busca del hidromiel celestial que confería la inmortalidad y, además, existía la creencia generalizada en el mundo antiguo que, las águilas anunciaban la victoria cuando sobrevolaban el lugar por donde pasaba un ejército.
Tanto a l0s cuervos como a las palomas se le asociaba con los oráculos. Tanto en la tradición irlandesa como la galesa, los pájaros mágicos, generalmente en grupos de tres, estuvieron asociados con la curación y con la creencia de que se volvía a la vida en el Más Allá. Los pájaros de brillantes plumajes de Clíodna y los pájaros de la galesa Rhiannon podían adormecer al enfermo con su canto. Las grullas, por el contrario, eran pájaros de mal agüero y de hecho, las mujeres malévolas o celosas eran convertidas en grullas como castigo. Por ejemplo, el dios del mar irlandés, Manannan tenía una bolsa hecha con piel de un grulla que antes había sido una mujer celosa.
Como se señalaba en un párrafo anterior, las cornejas y los cuervos están relacionados con la muerte tanto por alimentarse de carroña como por el color negro de su plumaje. Las diosas Morrigan y Badbh podían adoptar forma de corneja y anunciar, en el campo de batalla, un desastre. En el mundo celta, sin embargo, no siempre significaban un presagio negativo y a veces se les asocia con deidades benefactoras como es el caso de Nantosuela o Epona.
Respecto a los cisnes es el a ve que guía o conduce a las regiones de los bienaventurados. Queda asociado a la aventura del héroe que ha de superar el obstáculo de las aguas. En muchas leyendas célticas, diosas y hadas adoptan la forma de cisnes y la diosa Freya conserva su pie de cisne. Ese pie corresponde a los rayos de la aurora, que adquirirán persistencia en las leyendas de las damas “con pies de oca” e incluso en la reina Pédauque. Incluso si se puede recordar aquí, aunque pertenezca a otra mitología, el caso de Zeus, que se transforma en cisne para unirse a Leda, lo que le da a este ave una especial importancia en el terreno amoroso.
Los grifos: Este apartado no puede finalizar sin hacer referencia a los grifos, que tienen cierto parentesco con el águila por su pico; con patas y garras de león, y cuerpo de lobo. Es decir, una suma de lo atributos más temidos de algunos animales. Como otros, también aparecen representados en el caldero de Gundestrup, y tienen aspectos negativos y positivos. El historiador Solino decía de ellos que “eran seres alados ferocísimos y movidos por una rabia irrefrenable”. Vienen a simbolizar todo lo que resulta enigmático.
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