Principal Cultura Mitología

 

TEMÁTICA ESCOCESA E IRLANDESA

 

Existen cuatro ciclos temáticos en la mitología gaélica primitiva que afectan tanto a Irlanda como a Escocia. El primer ciclo  es el “Ciclo mitológico irlandés”. Escrito tanto en prosa como en verso y en él se mezcla ficción y realidad. Es una etapa semihistórica. Este ciclo terminaría con la última invasión de los hijos de Mil de España. Aquí los dioses, aunque se presentan con forma humana, son capaces de realizar hechos sobrenaturales. A caballo entre realidad y fantasía se realiza una visión histórica de los distintos pueblos que se fueron asentando en Irlanda y como en sucesivas invasiones se enfrentaron entre ellos para obtener el poder. El último grupo en llegar sería el de los Mil de España. Cabe destacar que la conquista de Irlanda por guerreros españoles llegados de la primitiva Brigantia aparece como histórico en el manuscrito irlandés del siglo XII “Leabhar Ghabhála” (libro de las invasiones). Aquí la historia, la leyenda y la fantasía forman una mezcla muy atrayente y el lenguaje es todo un canto a la vida y a la epopeya, sin llegar a delimitarse bien donde termina la ficción y empieza la realidad, o a la inversa.

                    El Leabhar Ghabhála fue escrito en el monasterio de Terriglass bajo la dirección del obispo de Kildare, Mac Goreman y con el apoyo del rey de Leinster, Dermot MacMurrough. La obra se divide en trece capítulos que relatan las sucesivas invasiones hasta el final asentamiento de los Mil de España. Así, el manuscrito comienza hablando de la primera ola invasora: a cargo de una mujer, Cesair, descendiente de Noé, acompañada de tres hombres y 50 doncellas (con quienes acabó un diluvio);  pasando por Partholon, de origen siciliano, que tomó la isla con su gente, toda la cual murió después de 300 años a causa de una peste; hasta Neimhedh, llegado de Esticia con 34 barcos, quien se enfrentaría en la isla con otro pueblo, Los Fomores (Fomoraibh), que estaban por la misma labor de ocupar Irlanda. Total, unos por otros, terminaron por aniquilarse completamente con lo que la siguiente ola invasora fue protagonizada por los “Fir Bolg” (“hombres de los sacos”).

           Durante un tiempo vivieron en paz y fundaron varios reinos hasta que llegó la más temible de las olas invasoras hasta entonces: la de los Tuatha De Danann, grandes conocedores de las  ciencias ocultas y con los druidas como figuras de gran relevancia. Aquí es cuando el manuscrito cita el primer habitante español en la isla: Tailltiu, hija de Mhahmoir, rey de España, y esposa del rey de los Fir Bolg,  Eochaid. De cómo se conocieron el manuscrito no dice nada, pero Sainero cree que es muy posible que los Fir Bolg estuvieran asentados durante un tiempo en España  y de esta forma hicieron amistad con algunas tribus hispanas. La enemistad entre “Los hombres de los sacos” y “las gentes adoradoras de la diosa Dana” no tardó en surgir. En la  batalla de Magh Tuiredh (Llanura de Tuiredh) los Fir Bolg fueron derrotados y su rey, muerto.

             Tailltiu se casaría después con uno de los jefes de los Tuatha, Eochaid nGarbh. De este modo los Tuatha De Danann se conviertieron en los nuevos señores de Irlanda. Un malentendido con la visita del guerrero milesio Ith, llegado desde Brigantia, que fue herido mortalmente cuando se embarcaba de regreso a España , provocó la ira de Emer Donn y Eremhon, -hijos de Mil, hijo de Bilé, hijo de Breoghán-, que reinaban en aquellos momentos en Brigantia compartiendo el trono con su padre, y para vengar la muerte de su tío enviaron a la isla a sus mejores guerreros. De esta manera los Tuatha ocuparían Irlanda hasta que una nueva y última oleada invasora lograra derrotarlos y hacerse con el poder. Estos serían los guerreros españoles, capitaneados por los hijos de Mil.

                  Aquí es donde finaliza el “Ciclo mitológico” .

Según cuenta la leyenda, Ith hijo de Breoghan, divisó Irlanda desde la "Torre de Hércules", situada en  Brigantia (antigua La Coruña en Galicia), desde donde partieron los Milesios.

 

Otra forma de narrar el ciclo mitológico:

 

           Así como Sainero es sucinto al reflejar el ciclo mitológico, Miranda Jane Green recoge mucha más información sobre dioses y seres divinos a la hora de hablar de la “raza divina de Irlanda”. En el caso de la catedrática, resulta mucho más rica y atrayente su narración, -para quienes gustan de una visión poética y de leyenda-, por el número de dioses y hechos mágicos que tienen lugar en la isla desde que llega Cesair hasta que finalmente se establecen los gaélicos (celtas), descendientes de los Hijos de Mil,  que derrotaron a los Tuatha Dé, obligándoles a crear un nuevo reino bajo tierra.

            Cuando los gaélicos llegaron a Irlanda se encontraron con tres diosas epónimas: Banbha, Fotla y Eriu, que son los tres nombres de Irlanda. Cada una exigió a los invasores la promesa de que, si se hacian con el poder de la isla, le darían su nombre. El filé (vidente) Amairgin aseguró a Eriu que Irlanda llevaría su nombre y, a cambio, Eiru profetizó que su tierra pertenecería a los gaélicos para siempre.

                                        

Los Tuatha Dè Danann

 

         El origen de esta raza de habitantes míticos de Irlanda se encuentra en la que consideraban su madre, la diosa Danu. Ellos llegaron a la isla portando cuatro poderosos talismanes:

n    La piedra de Fal, que gritaba cuando la tocaba el rey legítimo.

n     La Lanza de Lugh, que aseguraba la victoria.

n    La Espada de Nuadu, de la que nadie podía escapar ileso.

n    El Caldero de Daghda, del que nadie se apartaba insatisfecho.

Los Tuatha poseían extraordinarios conocimientos de magia y de la ciencia de los druidas y así muchos de sus dioses se asociaban a determinados actos de la vida cotidiana. Por ejemplo Oghma era experto en el arte de la guerra; Lugh en las artes y la artesanía, Dian-Cécht en medicina o Goibhniu en herrería.

      Aún teniendo en cuenta gran número de dioses que conforman el panteón celta y la imposibilidad de citarlos a todos sin que queden fuera algunos, resulta necesario mencionar aquí a los principales aunque posteriormente, en otro capítulo de Mitología en Iregua, se amplíe la información de los principales dioses y diosa.

       En el caso de los Tuatha Dé Danann tenemos a:

       Daghda: “El buen dios”, dios-padre tribal, proveedor de la abundancia. Sus dos principales atributos eran una gran maza, -uno de cuyos extremos mataba mientras el otro restituía la vida-, y un enorme e inagotable caldero. Su imagen  llama la atención, precisamente, por ser representado con una figura ridícula y un tanto grotesca, bastante gordo y con un túnica indecentemente corta, y gusta de comer mucho y abundante. En realidad no es más que un simbolismo de la fertilidad. Sobre él se cuenta que tuvo uniones con diferentes diosas, incluida Boann, diosa del río Boyne o su emparejamiento con la temible diosa Mórrigan, furia de las batallas, que sirvió para dar seguridad a su pueblo.

     Goibhniu: Uno de los tres dioses artesanos. Él era el herrero; Luchta el carpintero y Creidhne el artesano del bronce. Los tres crearon las armas mágicas de Lugh y les sirvieron de gran utilidad en su lucha contra los Formorians, demonios locales que se enfrentaban a todos los invasores de Irlanda. Goibhniu era el más poderoso de la tríada pues sus armas siempre eran certeras. Además, como anfitrión en el Festín del Otro Mundo, fabricaba una cerveza tan extraordinaria que se lograba, tras beberla, la inmortalidad.

    Dian-Cecht: Curaba con la magia. De hecho recuperó a los muertos de los Tuatha Dé Danann entonando encantamientos sobre un pozo en el que había guerreros cuyos cuerpos estaban sumergidos tras la batalla.

    Manannan: Era el dios del mar y las olas eran sus caballos. También era mago y ayudó a los Tuatha regalándoles un barco que obedecía a los pensamientos de sus marineros; un caballo que cabalgaba tanto por tierra como sobre el mar, y una espada: Fragarach (“la respondedora”), que podía penetrar en cualquier armadura.

     Nuadu: Rey de los Tuatha Dé Danann, tuvo que renunciar a su cargo tras perder un brazo en una batalla (los gobernantes insulares tenían que ser físicamente perfectos). Durante el tiempo que estuvo inhabilitado fue reemplazado por otro rey, Bress (“El hermoso”), pero al parecer y como era mitad fomoriano, lo cierto es que su reinado no fue bueno para el pueblo a causa de su tacañería y su avaricia. Tras la derrota de los Formorians por los Tuatha, Bress fue perdonado pero sólo si les aconsejaba en cuestiones agrícolas, pues eran éstos buenos guerreros y artesanos, pero del campo apenas sabían nada. Nuadu recuperó el trono después de que Dian-Cecht le fabricara un nuevo brazo, y a partir de entonces fue conocido por el nombre de Nuadu Argatlam (Nuadu el del brazo de plata), pero terminó muy desmoralizado por las continuas batallas con los Formorians y el joven Lugh se hizo cargo del trono.

    Lugh: “El resplandeciente”. Era el dios de la luz cuya fiesta de verano se conoce por Lughasad. El vocablo “lugos” puede significar “cuervo” y existe cierta relación de este dios con los pájaros. Era un dios guerrero, hechicero y maestro artesano. Algunos incluso lo identificaron con el Mercurio galo. Fue Lugh quien exhortó a Nuadu para que se enfrentara a los Formorians y fue quien organizó las campañas que acabaron con ellos. El mismo acabó con el temible Balor, el del Ojo Maligno, unos de sus principales jefes. Este tenía un único ojo cuya mirada causaba la muerte instantáneamente y no podía ser herido por ningún tipo de arma., sin embargo una profecía anunciaba su muerte, y así se cumplió: Balor moraba en la isla de Tory siempre temiendo que se cumpliera la profecía de que moriría a manos de un nieto. A pesar de sus esfuerzos para evitarlo, y aunque mantuvo a su hija Ethniu alejada de los hombres, ésta quedó embarazada y dio a luz trillizos que Balor arrojó al mar. Uno de ellos sobrevivió. Se llamaba Lugh y acabó con Balor al lanzar con su honda una piedra que le alcanzó en el ojo maligno, matándole.

    Las leyendas de Lugh no sólo se encuentran en el Libro de las Invasiones, ya que en el siguiente ciclo, el del Ulster, aparece como padre de Cuchulainn.

 

La importancia de la monarquía sagrada

 

       Gran parte de la mitología insular se sostiene en la importancia del carácter divino de los reyes. El gobernante de Irlanda siempre estaba unido con la prosperidad, o no, de su país. La corte de Tara fue, de modo tradicional, el lugar donde se celebraban las ceremonias de posesión de los reyes, donde sucedía el matrimonio ritual entre el rey y la tierra, personificada como la reina de la soberanía. Eriu fue, precisamente, una de esas personificaciones, una diosa epónima de Irlanda que ofrecía a los reyes mortales una copa dorada con vino tinto como símbolo de su unión. Maeve (Mebd) reina de Connaught, cohabitó con nueve reyes y ningún hombre podía reinar en Tara sino yacía antes con ella. Esto simbolizaba la unión entre lo divino y lo mortal y se representaba con la transformación de esta diosa que, con frecuencia, pasaba de ser una vieja  bruja a una mujer de gran belleza.

      En cuanto al rey electo, lo cierto es que tenía que superar interminables pruebas para saber si era la persona correcta para ocupar el trono. Para demostrarlo el manto real tenía que ser de su talla, el carruaje real debía aceptarlo y la Piedra de Fal tenía que gritar cuando él la tocara. Además, el rey legítimo tenía que ser descubierto en un sueño por el participante en el “ritual del tarbhfhess o sueño del toro”. Incluso, una vez logrado todo esto, el nuevo rey se encontraba limitado por los “geissi”, una serie de promesas sagradas de conducta que, si incumplía, podía causar la desgracia para Irlanda.

                         

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